By Marta Gutiérrez R.

 

Hace unos días Amancio Ortega se colocaba en lo más alto de la lista Forbes haciendo historia como el español más rico en alcanzar ese puesto, eso si durante unas horas, hasta que Bill Gates retornase a su trono tras un nuevo repunte de Microsoft. Es un hecho: lo importante no es llegar sino saber mantenerse. Sólo fueron unas horas en ese puesto pero el fundador de Inditex lleva años entre los primeros debido a su impronunciable fortuna.

Para que haya un top de la lista tiene que haber una base y ahí es donde estamos un elevado porcentaje de los mortales. Con el organigrama establecido, los aventajados de la clase de economía mundial que lideran esa cumbre de la opulencia, dan lecciones al resto como las que nos brindaba en Valencia, hace bien poco, el magnate mexicano Carlos Slim.

En su elocuente “lección” de economía nos anunciaba el presente más inmediato, uno del que parece ser que todo está hablado y que no va a dar opción no ya a réplica sino a un mínimo debate. Veremos. Según anunció: “en el futuro la jornada laboral pasará a ser de tres días y la jubilación se retrasará a los 75 años”. Esta es la fórmula de la felicidad que nos proponen y no la que anuncia una refrescante bebida de cola. Trabajar 32 o 33 horas pero concentradas en tres días, para “disfrutar” los cuatro restantes de la semana.

Así la cadena se restablecería. Aumentarían las contrataciones y el consumo, o lo que es lo mismo, “la calidad de vida”, ese mismo “bienestar” que si echamos cuentas brilla por su ausencia con esas jornadas iniciales, con turnos de una media mínima de 10 horas sobre el papel, que en la realidad siempre salen más.

Está todo pensado hasta la jubilación. La edad idónea: 75 años. ¿Por qué? Porque según dice: “a esa edad el conocimiento y la experiencia (del trabajador) se hace más fuerte después de los 60 años, cuando se retiran”, por lo que “hay que prolongar esa etapa”, ya que de lo contrario “se hace insostenible la política de jubilación y retiros como en España hasta ahora”. Esa es la teoría y la moraleja de explicación que nos da. Lo cierto es que partir de los 60 años la experiencia es tan indiscutible como lo es decir que sumar a esa edad quince años más de servicio son palabras mayores, con una viabilidad relativa en cuanto a una aplicación que sea obligatoria. Se daría el caso de plantear una vida laboral más larga que la propia estimación de vida con plenas facultades.

Que no me cuadren los datos supongo que sea un problema de base muy común derivado de vivir fuera de la lista Forbes. Al margen de esa pirámide millonaria se vive una odisea para encontrar un primer empleo, una quimera pensando en alcanzar la estabilidad y un sueño de utopía hablar de la jubilación. Con el desempleo, la precariedad laboral, los bajos salarios, … que hacen que cada vez cueste más encontrar un trabajo y, por lo que parece, va a costar todavía más poner fin a esa vida laboral.

Con tanta actualización de la RAE estoy por pensar que no todo van a ser incorporaciones nuevas. Lo mismo hay que dar de baja algún término como el de “jubilación”. Cada vez lo veo más lejos y no por su retraso sino, por lo imposibilidad de conocerla más allá de contar historias de que un día existió. Y no sería la única novedad a tener en cuenta: los conceptos “empleo”, “salario” o “derechos” tendrían que ser revisados para añadir nuevas acepciones o excepciones.

¿Por qué hay ricos? Porque hay pobres, y estos últimos no damos lecciones. La supervivencia en el sistema no nos lo permite. Lo que no significa que quienes las impartan tengan razón. Para mi incredulidad y mi exceso de realismo hay una “cura” llamada elecciones y programas electorales varios repletos de soluciones y con promesas de panacea laboral.

La nave patria es todo un potente navío con más candidatos que nunca a batirse el cobre para manejar el timonel y enderezar un rumbo, por ahora, a la vista de todos errante. Entre la felicidad comercial que ya se empieza a vender con una previsora antelación navideña, y el atrevido, cuando no descarado, optimismo de los políticos, se nos vienen por delante unos meses calentitos para luchar contra el invierno. Lo de pedir un empleo y que este sea digno como figura en la Constitución va a ser cosa de que nos toque la lotería o de que lo pidamos en la carta a los Reyes Magos.

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