Es momento de reflexionar porque algo tenemos que estar haciendo mal, pero que muy mal. No es que sea yo una persona que se rasgue las vestiduras a la primera de cambio pero creo que es alarmante el incremento de noticias que proliferan últimamente en los medios de comunicación en relación a las agresiones sexuales.

El último suceso más sonado en nuestro país ha ocurrido en Pamplona. Cuatro violaciones en cinco días durante los Sanfermines.

Hechos tan repugnantes asquean más si cabe cuando se realizan en grupo. Chusma de la peor calaña que se enorgullece compartiendo con sus palmeros tales hazañas. Parece ser el caso de los detenidos por una de las violaciones cometidas en Pamplona. El grupo de mensajes de WhatsApp de los arrestados se llamaba ‘Manada’ y en él se podían leer frases del tipo «follándonos a una entre los 5. Puta pasada de viaje», mientras que los amigos ausentes al conocer lo que hicieron contestaban: «Cabrones, os envidio».

¡Qué quieren que les diga! Se me revuelven las tripas.

Pero lo más triste es que las denuncias por violación o agresiones sexuales registradas en Pamplona no son casos aislados. Según el anuario estadístico del Ministerio del Interior, se produjeron 9.040 violaciones desde 2009 a 2015. O dicho de otra manera: en España, alguien viola a una mujer cada ocho horas.

Es de esperar que caiga con fuerza el peso de la ley sobre todo violador pero me temo que no será suficiente para acabar con el problema.

Erradicar este tipo de comportamientos pasa por la educación y la solución empieza en casa. Los padres tenemos la enorme responsabilidad de formar seres humanos que respeten a sus semejantes, que entiendan que hombres y mujeres somos iguales y que cuando una mujer dice no, quiere decir no. Solo así evitaremos que nuestros lindos hijos de 8 años acaben convirtiéndose en monstruos durante su adolescencia. Porque ya sé que no hace falta decir que la solución no pasa por rogar a nuestras hijas que no vuelvan solas a casa o exigir que se cambien de ropa cuando llevan una falda por encima de la rodilla o un pantalón ajustado.

O hacemos bien los deberes, o que cunda el pánico.

 

Fuente de la imagen: lifeofpix.com